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Vitaminarse y supermineralizarse

¿Quién no se acuerda de “A vitaminarse y mineralizarse”?, frase que repetía Super Ratón al acabar sus capítulos y que, en el fondo, recomendaba una dieta saludable y equilibrada para afrontar las aventuras de la vida.

Pues bueno, esta frase parece haber hecho mella entre los deportistas y por ende entre los runners, donde se aboga por una suplementación de vitaminas y sales minerales para paliar los supuestos déficits provocados por la práctica de ejercicio.

Si bien es cierto, el consumo da algunos minerales y vitaminas se representa deficitario en los deportistas de élite, coincidiendo en gran medida con los própios déficits que se aprecian en la población adulta no deportista. Entre ellos, merecen ser destacados el hierro, el calcio, el magnesio, el cinc y el complejo vitamínico B, siendo aún más patentes en mujeres, máxime cuando se hace referencia a deportes donde el consumo calórico es bajo o muy bajo (Delgado, 98).

Ambos tipos de nutrientes se aportan de manera adecuada si se realiza una dieta equilibrada desde el punto de vista cuantitativo y cualitativo, por lo que el aporte suplementario no es necesario. No obstante, en el ámbito deportivo, al igual que ocurre para la población general, el aporte de Fe, Ca, Mg, Zn y vit B puede ser insuficiente, como se acaba de referir. Por esta razón, es frecuente que se recomiende suplementación en forma de complejos multivitamínicos/mineral en deportistas de élite, como exponen Burke y Read (93), Gonzalez y Villa (98), entre otros. En cualquier caso, la ingesta indiscriminada de compuestos ricos en minerales y vitaminas nunca ocasionará un aumento del rendimiento deportivo si no existe un estado deficitario grave previamente, y puede presentar por el contrario efectos negativos relacionados fundamentalmente con el desequilibrio electrolítico que producen.

En lo referente a los minerales, como indica Odriozola (98), la pérdida de sales por sudor es, en términos relativos, menos importante que la del agua. De hecho, el sudor es hipotónico respecto al plasma sanguíneo. No obstante, la concentración de potasio y magnesio en sudor es similar a la del plasma, con lo que también en términos relativos las pérdidas de estos dos iones son mayores que las de otros. De hecho un déficit de sodio, cloro o calcio por pérdidas por el sudor es difícil de encontrar. El tipo de dieta, con su contenido en sales, y el ambiente externo, son los dos factores que más influyen en la pérdida de sales. La duración del esfuerzo también condiciona esta pérdida. A partir de la primera media hora de actividad física hay un aumento de pérdida de cloro y sodio que llega a ser un 50% mayor respecto a la pérdida que existía al inicio de la actividad. Con posterioridad, esta pérdida disminuye progresivamente. Por el contrario, las pérdidas de potasio, magnesio y calcio aumentan paulatinamente con la cantidad de ejercicio realizado. Ni siquiera con actividades de larga duración, en clima caluroso o con bastante humedad, o en altitud, será necesario ingerir sal (sobre todo en forma de tabletas) (Bucci, 94). Al contrario, la ingesta de sal durante la actividad física puede alterar negativamente el equilibrio osmótico de los líquidos corporales y el grado de hidratación celular. Además, los sujetos entrenados tienden a tener un sudor más hipotónico, lo que todavía hace menos necesario la ingesta de sales.

Respecto a las vitaminas, la influencia en el rendimiento físico deportivo se centra en las del tipo hidrosoluble. En general, no se ha evidenciado que la administración de suplementos de vitaminas indiquen modificaciones en el estado bioquímico del deportista y, por tanto, un incremento de rendimiento (Read y Burke, 93. Williams, 95, 98) o bien a una mejor recuperación postesfuerzo (función analéptica), salvo excepciones como las verificadas para la riboflavina en mujeres jóvenes (Belko y col. 83). Sin embargo, sí es cierto que la carencia de ellas origina disminución del rendimiento físico y deportivo, dadas las funciones previamente expuestas, como son el caso de las vitaminas B1 y C y, en menor medida, por la riboflavina, nicotinamida, B6 y B12.

Para terminar, debe recordarse que tanto minerales como vitaminas presentan problemas ligados a la absorción, principalmente en lo que respecta al Fe y Ca, lo que debe ser tenido en cuenta al considerar el aporte de los mismos. Póngase por caso como los fitatos afectan a los dos, o los oxalatos y un exceso de grasa en la dieta repercuten en la asimilación del segundo. En sentido contrario, la vit C mejora la absorción del primero y la vit D la del segundo.

“La preparación biológica en la formación integral de deportista” Belén Feriche, Manuel Delgado (2003)

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