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ESTIRAR O NO ESTIRAR…ESA ES LA CUESTIÓN!!

A pesar de la limitada evidencia científica existente, el entrenamiento de la flexibilidad ha sido promovido durante años como parte integral de un entrenamiento físico, con el objetivo de disminuir el riesgo de lesiones, aliviar el dolor muscular post-ejercicio (DOMS) y mejorar el rendimiento deportivo. En la actualidad, los conceptos clásicos que existían sobre esta disciplina han sido puestos  en duda en base a nuevas investigaciones científicas, con lo cual han surgido muchas mal interpretaciones y mal entendidos entre pacientes, deportistas y profesionales del área.

Por lo general, al preguntarle a personas que practican actividad física, la razón por la cual entrenan la flexibilidad, las razones y motivos se repiten:

– Calentamiento previo al ejercicio.

– Prevenir el dolor muscular post ejercicio.

– Prevenir lesiones.

– Mejorar la movilidad articular general (flexibilidad).

Prácticamente ninguna de estas acciones tiene un sustento científico que las avale, es más, podríamos decir que solamente elongar la musculatura buscando específicamente estos beneficios, es simplemente una pérdida de tiempo.

En el s. XX, la fisiología occidental, principalmente el neurofisiólogo Charles Sherrington, fundó los pilares de lo que hoy conocemos como la fisiología de la elongación muscular.. En base a estos aportes fundamentales de la neurofisiología, se conocen muchos ejes diferentes de aplicación.

En líneas muy generales, diferenciamos efectos a corto y largo plazo de la elongación sobre las propiedades del músculo.

A corto plazo, estudios realizados demuestran que el incremento del rango articular posterior a las técnicas de elongación, se debe a que disminuyen la viscoelasticidad del músculo, y a la vez aumenta la compilance o distensibilidad de éste (Fowles, J., Sale, D., 2000)

A largo plazo, se ha propuesto actualmente que existe un aumento del rango articular por la formación de nuevos sarcómeros en la fibra muscular (De Deyne, P., 2001), esta innovadora hipótesis está basada en nuevos mecanismos biomecánicos, neurológicos y moleculares que tendrían como consecuencia la mofibrilogénesis (formación de nuevos sarcómeros).

Guissard N. y Duchateau 2004, investigaron sobre los cambios en las propiedades neuromusculares. En este estudio se demuestra claramente y en concordancia con la mayoría de las investigaciones contemporáneas que existen cambios significativos en el ROM posterior a a aplicación de un protocolo de elongación a largo plazo. El estudio concluye que estos cambios fueron debidos a una disminución de la “stiffness” del músculo.

Algunos de los más recientes estudios nos demuestran que los efectos a largo plazo de la elongación muscular disminuyen la viscosidad y la histéresis del músculo, sin provocar cambios en la stiffness a nivel del tendón (Kubo, K., Kanehisha, H., 2001).

Se puede concluir que la flexibilidad es una cualidad física extremadamente compleja, que involucra múltiples sistemas y formas de trabajo, sin embargo existen ciertos lineamientos bastante claros a la hora de poner en práctica ya sea un programa de entrenamiento o una sesión única de flexibilidad.

Podemos decir que la elongación muscular de alta intensidad es contraproducente como preparación para la actividad física, ya que disminuye la tasa de producción de fuerza isométrica, concéntrica y excéntrica.

Un programa de entrenamiento sistemático de la flexibilidad nos entrega por otra parte ciertos beneficios, que deben valorarse de acuerdo al tipo de actividad muscular que se realice, ya sea en contracciones musculares puras, pruebas funcionales, actividades aeróbicas o ciclos de estiramiento-acortamiento. En torno a estos tópicos se requiere muchas más investigación científica que especifíque e investigue, los efectos de protocolos de elongación en cada una de estas situaciones.

Referente al riesgo de lesiones, no existe una evidencia científica clara que demuestre que la elongación muscular a corto, medio o largo plazo tenga alguna incidencia sobre la probabilidad de lesionarse.

A modo de consejo práctico, podemos decir que, en vez de realizar una serie de elongaciones intensas previas a la competición, la preparación previa para un acto deportivo debería consistir en un calentamiento específico para cada deporte que active los músculos que van a ser requeridos en el acto. En cuanto a los programas de entrenamiento de la flexibilidad a largo plazo, estos deberán ser probados y estudiados más a fondo con el fin de determinar a ciencia cierta cuales son sus efectos precisos en los distintos parámetros del rendimiento físico deportivo.

Una serie de caminos se encuentran abiertos a la investigación rigurosa y científica en esta área, en las cuales en un futuro deberán determinar y objetivar lo que poco a poco se está empezando a entender y desmitificar.

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