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EL SECRETO DE LA SERENIDAD

Hoy me he encontrado este texto en una lectura de un libro de tercero de primaria y no podía dejar de compartirlo. La solución a muchos de nuestros problemas suele ser más simple y estar más cerca de lo que muchas veces parece. Átate las zapatillas y seras un hombre/mujer más feliz!

EL SECRETO DE LA SERENIDAD

Hace tiempo, en una aldea cerca de los Cárpatos, en la actual Polonia, vivía un granjero llamado Marek.

Marek era un hombre muy agradable, cariñoso, aficionado a las bromas y siempre dispuesto a ayudar. Sin embargo, tenía un grave defecto: cuando se enfadaba, se ponía furioso y no podía controlarse. Esa conducta le causaba problemas con sus amigos y vecinos. Y, aunque todos lo apreciaban, empezaban a estar hartos de sus explosiones de genio.

Un día, Marek oyó hablar de un hombre sabio que vivía en lo alto de la montaña. Y, ni corto ni perezoso, se fue a verlo en busca de ayuda.

El sabio, después de escuchar atentamente a Marek, le dijo:

–Para poder ayudarte necesito verte furioso. Así sabré qué clase de enfado tienes. Vete a tu casa y en cuanto notes que te invade la ira, ven a verme corriendo.

Pocos días después, Marek se enfadó con su esposa por un pequeño contratiempo. Esa vez, en lugar de ponerse a gritar como siempre, salió corriendo. Dando enormes zancadas, subió el camino que conducía a la cima de la montaña, donde se encontraba la humilde cabaña del sabio. Una vez arriba, se detuvo para tomar aliento y comprobó, con cierta desilusión, que ya no estaba enfadado.

–Venía a enseñarte mi furia, pero se ha desvanecido –le explicó al sabio.

–Vuelve a casa y la próxima vez sube aún más deprisa. Si no te veo en pleno ataque de cólera, no podré ayudarte.

Marek regresó triste. El remedio a su mal se estaba haciendo esperar. ¡La próxima vez correría con todas sus fuerzas! Y así fue. Hubo un nuevo enfado y, en cuanto notó el calor de la rabia invadiéndolo, corrió a toda prisa montaña arriba. Iba tan rápido que casi no tocaba el suelo. No pensaba en otra cosa que en llegar cuanto antes. Esta vez tardó la mitad de tiempo en alcanzar la cumbre, pero… ¡el enfado ya se le había pasado! El sabio se quedó de nuevo sin ver la ira del granjero y este, sin cura para su mal. ¡Era desesperante!

La misma situación se repitió varias veces. Hasta que un día Marek, cansado de subir aquella montaña sin lograr mantenerse enfadado, le dijo al sabio:

–Tú no puedes ayudarme. No volveré más.

El sabio respondió:

–¿Acaso has vuelto a perder el control desde que me conoces?

–No he tenido tiempo –replicó él–. Nada más enfadarme, echaba a correr para que pudieras verme.

–Ahí tienes la solución. Simplemente, cuando notes que te estás enfadando, no te dejes llevar por la rabia y echa a correr hacia cualquier sitio. Verás que enseguida la ira te abandona.

Marek se dio cuenta de que el sabio le había estado enseñando lo que debía hacer sin decírselo. Así aprendió a ignorar su furia y se convirtió en un hombre mucho más feliz.

Cuento popular Basado en Los mejores cuentos de las tradiciones de Oriente. Edaf.

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